jueves

Saber escuchar


La esencia del diálogo: escucha, palabra y silencios
El milagro del diálogo lo produce la acertada combinación de estos tres
elementos: escucha atenta, habla adecuada, oportunos silencios. En un
diálogo equilibrado y maduro, ninguno de estos tres elementos es más importante
que el otro y los tres son igualmente necesarios.
Hay una máxima oriental que dice: «Nadie pone más en evidencia su
torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su
interlocutor haya concluido».
Saber hablar es un arte que implica, a su vez, saber escuchar. Saber
articular adecuadamente la palabra y estar atento a la que el interlocutor
pronuncia, es un ejercicio que exige esfuerzo, sensibilidad y sabiduría del
corazón.
El arte de saber escuchar
Escuchar no es lo mismo que oír. Al cabo del día se oyen muchas cosas,
pero se escucha poco, apenas prestamos atención a lo que dicen los demás,
olvidando que la atenta y amable escucha es la base del genuino diálogo. Sin
capacidad de escucha, de atención al otro, el diálogo queda bloqueado. Si
todos queremos hablar a la vez y nadie escucha las razones del otro, no hay
diálogo, solamente «monólogos yuxtapuestos» estériles y hasta ridículos.
Únicamente cuando uno es capaz de escuchar al otro, abre la puerta
para que el interlocutor pueda comunicarse con él. Y precisamente esta
intercomunicación, hecha de escucha respetuosa y de habla adecuada, es la
esencia del diálogo.
El justo equilibrio entre saber escuchar y saber hablar produce el milagro
del diálogo. Y de verdad el diálogo es un milagro de armonía, de respeto y de
sinceridad que posibilita la convivencia pacífica.
Si dialogáramos más y mejor, nuestra sociedad cambiaría radicalmente y
poco a poco iría adquiriendo un rostro más humano.
Nuestra sociedad, hoy, presenta un aspecto hosco y crispado porque en
ella falla el diálogo. El problema generacional, por ejemplo, se agudiza porque
en ambas partes (padres, hijos) hay poca capacidad de escucha.
Creceremos en humanidad en la medida en que sepamos dialogar y
convivir en paz, trabajando juntos en la construcción del bien común.
Es cierto que a veces hay personas que no hablan porque no saben qué
decir o porque resulta más cómodo no decir nada. Pero hoy día el defecto
más generalizado es precisamente el contrario: la inflación de palabras, la
«incontinencia verbal» de las personas que siempre hablan y nunca escuchan.
Extraña enfermedad que consiste en no escuchar y sólo hablar, hablar por
vicio, sin atender por dónde va la conversación e interrumpiendo no pocas
veces la palabra del otro. Es una especie de patología psicológica que pone
muy nervioso al interlocutor.
El diálogo exige una actitud silenciosa de escucha atenta. El escritor
francés Joseph Joubert afirma: «Si queréis hablar a alguien, empezad por abrir
los oídos». Solo una actitud de escucha atenta hace fecunda la palabra que
podemos brindar a nuestro interlocutor. Es difícil poder decir algo válido al que
dialoga con nosotros si antes no abrimos de par en par nuestros oídos para
escucharle.
Saber escuchar, hoy, es más importante que saber hablar. Exige dominio
de uno mismo. Es un arte y un gesto de sabiduría. Es verdad que el diálogo
está hecho de palabra y de escucha, pero lo que más suele fallar es la
escucha. Escuchar es una actitud difícil porque implica atención al
interlocutor, esfuerzo por captar su mensaje y comprensión del mismo.
Los que solo hablan sin escuchar entorpecen el diálogo y se empobrecen
en un monólogo egoísta y fastidioso que no conduce a nada.
Aprende a escuchar. Escucha mucho y habla lo necesario. Si escuchas
atentamente, siempre aprenderás y nunca te arrepentirás de ello. La escucha
es una exquisita deferencia para el que habla contigo.
Si no escuchas y solamente hablas, te conviertes injustamente en el único
centro de la conversación, mutilas el diálogo, no respetas a tu interlocutor y le
impones un sacrificio inmerecido.
El filósofo griego Zenón de Citium, que sentó los principios básicos del
estoicismo según los cuales la mejor vida es la que se halla acorde con la
naturaleza y con el culto de la virtud por la virtud misma, solía decir a sus
discípulos: «Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola
boca, para enseñarnos que vale más escuchar que hablar».
En la vida diaria no solemos seguir la sabia enseñanza de Zenón. Más bien
actuamos en sentido contrario: hablamos mucho y escuchamos poco. Hoy, en
la sociedad de la prisa, de la hiperactividad y del estrés, existe un gran déficit
de escucha atenta y serena. La gente habla y habla, incesantemente. Falla la
capacidad de escucha, la capacidad de atender al otro.
La escucha es una actitud psicológica difícil porque exige olvido de uno
mismo y apertura atenta y gratuita hacia el otro. Escuchar significa dirigir mi
atención hacia el prójimo y entrar en su ámbito de interés y en su marco de
referencia. La escucha, diligentemente practicada, supone una acumulación
progresiva de sabiduría y de enriquecimiento psicológico. Escuchar quiere
decir recibir del otro, después de haberle dado lo mejor de uno mismo: la
atención afectuosa.
El arte de dialogar es difícil porque todos tendemos al monólogo, todos
pretendemos hablar sin escuchar al otro, decir nuestras razones sin importarnos
las de los demás. ¡Cuántos diálogos son monólogos sucesivos, con alguna que
otra tolerada intervención del interlocutor, simplemente para poder tomar aire
y, luego, continuar con nuestro pesado e inoportuno monólogo! Hay personas
que no saben escuchar. Solo hablan. Y cuando parecen escuchar, en
realidad están tomando un respiro para intervenir de nuevo, sin importarles
nada lo que pueda decir su interlocutor. La palabra del otro no interesa, solo la
suya.
Saber escuchar paciente e inteligentemente es un arte e implica un gesto
de gran sabiduría. Además es la mejor manera de colaborar a la felicidad del
otro.
En la civilización de la prisa y del estrés no es frecuente encontrar personas
serenas que sepan escuchar, que sepan recibir y ofrecer comunicación, que
sirvan de puente a la intercomunicación. En el mundo de las comunicaciones,
la auténtica comunicación se ha empobrecido. Es una gran paradoja. Quien
intenta comunicar lo personal, lo íntimo, con frecuencia se encuentra desasistido.
La sabia escucha implica humildad, paciencia y deseo de aprender.
Quien piensa poseerlo todo, saberlo todo, no escucha al otro y solo habla
porque cree que los demás son incapaces de aportarle nada. La persona
engreída, orgullosa, no escucha o escucha con desdén o con aires de
superioridad. Y, en definitiva, lo que hace es empobrecerse porque solo
«aporta» (habla) y nunca recibe (escucha), quedándose finalmente vacía de
tanto hablar.
La escucha es un arte muy difícil. Dice Anthony de Mello: «La escucha es
la cosa más difícil de hacer. Para escuchar de verdad, las dos partes en el
diálogo han de estar abiertas, sin prejuicios, en entera disposición de
comprender».
La escucha es una habilidad psicológica que exige apertura,
transparencia y ganas de comprender. Sin estas tres actitudes el diálogo
queda truncado. Donde hay cerrazón, prejuicios y orgullo no busquéis diálogo.
Escuchar es una actitud verdaderamente terapéutica. El humanista Juan
Luis Vives escribió: «Nada tan fácil ni tan útil como escuchar mucho». La
utilidad de la escucha sapiencial es grande. Saber escuchar al otro con
atención es una actitud sumamente enriquecedora para el que habla y para
el que escucha.
En el mundo de la prisa y la dispersión no puede haber mejor
recomendación que escuchar mucho. Saber escuchar al otro con interés es el
mejor regalo psicológico que le podemos hacer. La escucha serena y generosa
es un bien de incalculable valor que no se aprecia debidamente.
Feliz aquel que sabe escuchar mucho y sabe decir lo justo en el momento
más oportuno. Las personas que sepan de verdad escuchar escasean y, no
obstante, son más necesarias que nunca.
Ejercitémonos en el gesto sabio y sereno de saber escuchar. Es un
ejercicio muy saludable y enriquecedor. Significa ejercer la solidaridad en una
sociedad donde hay tantos hombres y mujeres que necesitan ansiosamente
que alguien les preste atención. Saber escuchar es también un acto de
humildad porque en él das preferencia al otro y tú quedas en un modesto
segundo plano. Es, finalmente, la mejor manera de asegurar la eficacia de tu
palabra; ésta será siempre bien recibida si va acompañada de una paciente
escucha.
El valor de la palabra
La palabra es lo más precioso, peligroso o banal que posee el ser
humano. A través de la palabra nos intercomunicamos y nos
autoenriquecemos psicológicamente, pero también podemos destruir en un
momento lo que ha costado tanto edificar, e incluso a veces nos dispersarnos
de manera intrascendente y nos sumergimos en la más anodina banalidad.
Aprendamos el arte de dosificar las palabras y los silencios. Digamos las
palabras precisas en el momento más oportuno y cuidemos los silencios,
siempre atentos para que la palabra del interlocutor pueda llegar hasta
nosotros y resulte beneficiosa.
Sin los otros, sin diálogo con ellos, no hay realización humana posible. El
individualismo es siempre empobrecedor. «El ser humano es social y el
individualismo es una ilusión de niño o adolescente inmaduro que acaba
destruyendo al individuo y le arrebata su gozo» (Alvaro de Silva).
La dimensión social del hombre es innegable. El hombre es un ser hecho
para la comunicación, más aún, es comunicación en sí mismo. Sin los otros el
ser humano es una total nulidad: no puede conseguir nada y su realización
personal queda bloqueada. El individualismo -lo diametralmente opuesto a la
dimensión social del hombre- destruye a la persona y, sobre todo, le roba la
alegría, el gozo de vivir. Sin dimensión social, el hombre es un ser errático que
no encuentra su lugar ni consigue autorrealizarse ni es feliz.
Necesitamos imperativamente de los demás para ser personas. Sin los
otros, nos quedamos a mitad de camino en nuestra realización personal y,
sobre todo, no logramos la verdadera felicidad, que consiste esencialmente
en compartir lo que somos y tenemos con los demás. Los otros son parte
esencial de mi yo, y sin ellos, mi yo no encuentra autorrealización posible.
El diálogo también necesita silencios
No te precipites a hablar. La precipitación desbarata la conversación y no
pocas veces se convierte en monólogo que lo esteriliza todo.
Saber conjugar sabiamente silencios y palabras es el arte del diálogo
sincero que nos permite madurar como personas y crecer psicológicamente.
En el diálogo es tan importante el silencio como la palabra; mejor diría: es
más importante el silencio que la palabra, porque nos dispone a escuchar con
atención vigilante la palabra del otro y a decir la nuestra con acierto, después
de haberla reflexionado. Sin silencio, sin oídos bien abiertos, la palabra del otro
no es debidamente atendida y la nuestra suena a vacío.
El silencio no es simplemente callar. Es saber añadir a ese callar un plus de
atención y de receptividad. El silencio respetuoso y acogedor implica saber
adentrarse en el interior del otro y comprender su problema. Es una actitud
terapéutica que siempre resulta muy útil tanto para el que la ejercita como
para el que recibe su beneficiosa influencia.
El déficit de silencio-escucha en la sociedad actual es enorme, porque da
la impresión de que cada uno va a lo suyo, sin importarle lo más mínimo la
necesidad de receptividad que pueda tener el prójimo.
El auténtico diálogo es una síntesis de apertura, transparencia y
disponibilidad para comprender.
El diálogo da sus frutos cuando somos capaces de abrirnos sinceramente
al otro, cuando le sabemos acoger sin prejuicios, cuando nos esforzamos por
comprenderle y aprender de él.
La escucha, entendida como receptividad sincera y cordial, es la base
del diálogo, y el diálogo enriquece enormemente a las personas que lo
practican.
Juan Bestard

EL DOLOR ANTE LA PERDIDA DE UN HIJO

La pérdida de un hijo joven puede ser el factor más estresante en la vida de un ser humano, especialmente si se produce de forma repentina y violenta. En concreto, hay una diferencia notable entre el duelo y la aflicción por la muerte de un joven, y el dolor experimentado por el fallecimiento de una persona anciana que ha visto completada su vida. La muerte de un hijo es un hecho antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, que plantea a los padres el dilema del escaso control que hay sobre la vida. Es más, alrededor de un 20% de los padres que pierden a un hijo no llegan a superarlo nunca. De hecho, cuando fallece la pareja nos quedamos viudo/a, cuando fallecen los padres nos quedamos huérfanos/as, pero no hay ningún nombre para definir la situación en la que unos padres se quedan cuando fallece un hijo. Y es que, eso, no tiene nombre.
Existen una serie de estrategias de afrontamiento ante el duelo que no permiten que el proceso de duelo avance y pueda desencadenar en un duelo patológico. Son: 1) anclaje en los recuerdos y planteamiento de preguntas sin respuesta; 2) sentimientos de culpa. 3) emociones negativas de odio o de venganza; 4) aislamiento social; 5) implicación en procesos judiciales, sobre todo cuando la víctima se implica voluntariamente en ellos; 6) consumo excesivo de alcohol o de drogas; y 7) abuso de fármacos.
Recuperarse significa ser capaz de haber integrado la experiencia en la vida cotidiana y de haber transformado las vivencias pasadas en recuerdos, sin que éstos sobrepasen la capacidad de control de la persona ni interfieran negativamente en su vida futura. Y recuperarse significa, sobre todo, volver a tener la conciencia de que la vida hay que vivirla y disfrutarla responsablemente. Superar el duelo y seguir adelante es una toma de decisiones; uno puede quedarse anclado en el pasado, o tomar conciencia, ser resiliente, y seguir adelante, por uno mismo, por los que siguen a nuestro lado, y por los que ya no están.

miércoles

VIRTUDES Y FORTALEZAS HUMANAS

Dentro de la teoría de la Psicología Positiva prestamos especial atención a las fortalezas y virtudes del ser humano y las comunidades, ya que nos importa lo que sí funciona en la persona, lo que sí le hace bien y puede aprovechar al máximo para su bienestar. Aquí están descriptas brevemente las 24 fortalezas, si deseas saber cuáles son las tuyas puedes realizar el test VIA de Fortalezas Personales entrando aquí http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/default.aspx Dentro de la virtud Sabiduría y Conocimiento encontramos: Quienes poseen curiosidad experimentan la misma tanto por el mundo que los rodea como por su propio mundo interior. Esto los lleva a estar en una constante búsqueda de nuevas experiencias, se atreverán a conocer personas interesantes, visitar lugares exóticos, aventurarse en la vida y descubrir oportunidades donde los demás no ven nada. Poseen una vida social y amorosa muy rica y podemos compartir con ellos conversaciones atrapantes, además de que se verán motivados a escuchar lo que nosotros tenemos para decir. La curiosidad también está asociada a la inteligencia y a las habilidades en la resolución de problemas complejos. Hay personas para quienes ser curiosos les es natural, es una parte vital de su personalidad, aunque no hay que olvidarse de que esta fortaleza también puede ser creada, o si ya la posees, puede ser aún más cultivada. Al ser curiosos, estaremos inmersos en situaciones excitantes, que harán que nuestra capacidad intelectual se enfrente a nuevos desafíos, cuanto más aprendemos más querremos saber El amor por el conocimiento y el aprendizaje es una fortaleza por la cual la persona se implica cognitivamente en una actividad. Una consecuencia motivacional muy importante de esta virtud es que ayuda a la gente a persistir frente a contratiempos, desafíos y experiencias negativas. El amor por el aprendizaje describe un proceso de toma de contacto con nueva información y habilidades que es generalmente positivo y que puede soportar las frustraciones de la dificultad y el feedback negativo. Esta virtud debe cuidarse si se quiere mantener a lo largo del tiempo. La fortaleza juicio, pensamiento crítico, se caracteriza por buscar evidencias contra las creencias que uno posee y de verificar si tales evidencias son sólidas. Conduce a que la persona tenga una mente abierta, crítica. Esta fortaleza va aumentando gracias a la educación, edad y experiencia. Este buen juicio puede ser enseñado tanto en las instituciones educativas como en el hogar. La originalidad, inteligencia práctica, conocida también como creatividad es una de las fortalezas más bonitas y útiles, ya que nos permite ver las cosas desde una perspectiva original, pudiendo resolver conflictos laborales o emocionales de una mejor manera. La persona creativa también es enérgica e imprime su modo particular de ver las cosas en todo lo que hace. Así como la curiosidad, la creatividad también es útil para descubrir oportunidades escondidas cuando los otros las dejan pasar. Contribuye a mejorar la inteligencia personal y puede considerarse también como una de las estrategias de la evolución natural. Es un proceso caracterizado por la adaptabilidad. La persona creativa es alguien que tiene ideas que son tanto originales como útiles y utiliza este poder ya sea explotando su potencial artístico o en la vida cotidiana. La creatividad requiere constancia, trabajo y práctica, en especial cuando la volcamos a una actividad artística. Cuando estas personas se encuentran en ambientes donde se busca y promociona la creatividad es cuando se sienten más cómodos, por el contrario, si se encuentran en lugares donde hay demasiada presión, fechas límites, o si su producción será juzgada por otros, la creatividad disminuirá dramáticamente. La fortaleza de la inteligencia emocional, personal y social implica el ser consciente de nuestras emociones y sentimientos así como también de las emociones y sentimientos de los otros. La persona sabe cómo comportarse ante las distintas situaciones sociales, le gusta compartir cosas que son importantes para otras personas. Son individuos con un muy buen nivel de empatía. La perspectiva es la fortaleza que nos permite brindar consejos de calidad a los demás, encontrando caminos no sólo para comprender y aceptar nuestro propio mundo interno sino para ayudar a comprenderlo a los demás. Es aprender a mirar las situaciones de otra manera, ver lo que sí tenemos en lugar de lo que falta. Dentro de la virtud Coraje encontramos: La valentía es el no dejarse intimidar ante la amenaza, el cambio, la dificultad, incluso el dolor. Ser capaz de defender una postura que uno cree correcta aunque exista una fuerte oposición por parte de los demás, actuar según las propias convicciones aunque eso suponga ser criticado, animarse a ser rebelde. Recuerden que el coraje no es la ausencia del miedo, si no el considerar que hay algo más importante que él La perseverancia y diligencia nos habla de personas muy trabajadoras, personas decididas que siempre terminan lo que empiezan. Sin importar cuál sea el proyecto, se encargan de sacar las cosas adelante en tiempo y forma. Usualmente no se distraen cuando están abocados a su tarea y encuentran suma satisfacción en finalizarla. La integridad, autenticidad y honestidad nos habla de personas que son sinceras consigo mismas, representando de manera correcta, tanto privada como públicamente, sus estados internos, sus intenciones, sus compromisos. Tales personas aceptan y se hacen responsables de sus sentimientos y comportamientos, adueñándose de ellos, como lo que son y logrando beneficios por ello. La definición de integridad se basa en criterios de comportamiento: 1) Un patrón regular de comportamiento consistente con valores con los que uno está comprometido, “practicar lo que se predica” – 2) Justificación pública de convicciones morales, incluso cuando esas convicciones no sean populares – 3) tratar a los demás con cuidado, como se evidencia al ayudar a las personas en necesidad, o por la sensibilidad a las necesidades de los demás. Honestidad: se refiere a ser verdadero con los hechos y a la sinceridad interpersonal; Autenticidad: se refiere a ser genuino emocionalmente y a la profundidad psicológica; Integridad, se refiere a la rectitud moral y a la unidad del self, en términos de carácter moral. Dentro de la virtud Humanidad encontramos: La amabilidad, generosidad, nos habla de personas que demuestran estas características con los otros, nunca están demasiado ocupados para hacer un favor, es un disfrute el hacer buenas obras para los demás sin necesidad de que esas personas sean cercanas. El respeto hacia los demás trasciende la mera conciencia del deber o del respeto básico por los demás. Los comportamientos de ayuda tienen claros beneficios para la sociedad y también se asocian con muchas medidas de salud física y mental de estas personas. El beneficio de ayudar a los demás es duradero y reducen, por ejemplo, el riesgo de muerte en personas mayores. Ayudar a los demás de corazón es importante, pero jamás te olvides de ti mismo. Para poder ayudar a los demás, primero tenemos que ayudarnos a nosotros. La capacidad de amar y ser amado nos habla de individuos capaces de sostener relaciones significativas con otras personas, en especial con aquellas en las que el compartir y los cuidados son recíprocos. Es permitirse el sentirnos cercanos y apegados a otros desde el respeto y el amor. Dentro de la virtud Justicia encontramos: Ciudadanía, lealtad, trabajo en equipo. Esta fortaleza se encuentra en personas que se destacan en su grupo por su lealtad y dedicación. Son personas que respetan la autoridad y la jerarquía pero no sin cuestionarla, permiten que en un grupo todos se sientan cómodos y están atentos a las necesidades de cada miembro. Ecuanimidad, equidad y justicia nos habla de sujetos que no permiten que sus sentimientos personales interfieran en cuanto a sus decisiones o valoraciones con respecto a los demás, a todos le brindan una oportunidad. Sus acciones diarias están guiadas por principios morales, el bienestar ajeno es tan importante como el propio, dejan fácilmente los prejuicios de lado. Si posees la fortaleza de liderazgo eres muy bueno para organizar y llevar a cabo actividades. El líder efectivo es aquel que le interesa que el trabajo en equipo se concrete sin dejar de prestar atención a contribuir en el fomento de las buenas relaciones entre los miembros del mismo. Asume las responsabilidades y es diplomático. Dentro de la virtud Moderación encontramos: Auto- control, quienes disfrutan de esta fortaleza son aquellas personas que pueden posponer sus deseos, necesidades y son capaces de dominar sus impulsos. Saben cómo posponer la satisfacción inmediata en pos de un logro o resultado más eficiente para sus vidas. Saben lo que es correcto y son capaces de ponerlo en práctica. Cuando algo malo sucede pueden regular sus emociones, son capaces de neutralizar sus sentimientos y pensamientos negativos. Pueden generar emociones positivas por ellos mismos sin ayuda del ambiente externo. Prudencia y discreción caracteriza a aquellos individuos que son muy cautelosos, piensan antes de hablar y se aseguran de no abrir la boca para luego arrepentirse. Se proyectan a futuro, saben posponer la gratificación inmediata para lograr metas aún más grandes a futuro. Ser cuidadoso es una buena fortaleza que te protege de los peligros producidos por el descuido La fortaleza de la humildad, modestia la poseen aquellos que no necesitan llamar la atención, simplemente dejan que sus hechos hablen por ellos. No se creen especiales ni son pretenciosos, los demás valoran esto. Las personas humildes consideran sus propias aspiraciones, sus victorias y derrotas como situaciones sobre las cuales no hay que alardear. Dentro de la virtud Trascendencia encontramos: Apreciación de la belleza y la excelencia. Quienes poseen esta fortaleza son aquellos sujetos que no sienten que es una pérdida de tiempo admirar el aroma de las rosas, quienes aman la belleza, la excelencia en todas las áreas: arte y naturaleza, matemáticas y ciencia, quienes aprecian la hermosura en las cosas del día a día. Esta fortaleza se acompaña de sentimientos de asombro y maravilla, nos eleva espiritualmente. Quienes poseen la fortaleza de la gratitud son aquellas personas que siempre son concientes de las buenas cosas que les suceden o tienen, no dan por descontado sus bendiciones. Es una emoción que está acompañada de maravilla y aprecio por la vida misma. La gratitud se puede expresar hacia los demás, el destino, la vida en general o divinidades acordes a la creencia de cada uno. Dentro del optimismo, esperanza, podemos ver a esos sujetos que siempre esperan lo mejor del futuro y están dispuestos a hacer lo necesario para tener razón. Esperan que cosas buenas sucedan y están convencidos de que será así si trabajan para lograr sus objetivos. Quienes disfrutan de la fortaleza de espiritualidad, fé, sentido de propósito son aquellas personas que tienen creencias fuertes y coherentes en cuanto al significado del universo y el propósito del mismo. Saben dónde encajar, sienten que tienen una meta que cumplir. La espiritualidad en cualquiera de sus manifestaciones (siempre y cuando se mantenga en niveles saludables) contribuye al bienestar de la persona, la hace sentirse acompañada y le brinda esperanza cuando más lo necesita. ¿La vida tiene un significado para ti, existe algo más grande en lo cual depositas tu confianza? Gracias a la fortaleza perdón y misericordia eres capaz de perdonar a aquellos que se han equivocado contigo, siempre le brindas a los demás una segunda oportunidad. Te guías por la misericordia y no la venganza. Cuando las personas perdonan entran en paz consigo mismas, dejan el rencor atrás y pueden continuar transitando su presente con calma. Gracias a la fortaleza del humor eres una persona que disfruta muchísimo de hacer reír a los demás. Eres capaz de ver el lado más superficial de las cosas, quitándole el drama a las situaciones. Te encanta jugar, no has perdido ese niño interno que todos deberíamos cuidar siempre y sin duda eres muy divertido. Y he aquí la última de las fortalezas la pasión y entusiasmo. Si posees esta fortaleza eres una persona con mucho espíritu y energía, te dedicas por entero a todas las actividades que amas. Si tienes un plan en mente te despiertas muy contento por las mañanas, te sientes inspirado. Disfrutas de la vida con entusiasmo, realizas las cosas con convicción y entregando todo de ti. Vive la vida como una apasionante aventura, sintiéndote vivo y activo. Aprende a jugar, a fluir con la espontaneidad y la pasión de tu propio sueño. ¿Cuáles son tus fortalezas?

sábado

EL ELEFANTE ENCADENADO

de Jorge Bucay
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté
entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio
como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro...
Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...
Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.
Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosostros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.

domingo

Para no enfermarse

Una vida saludable requiere de diversas acciones, siempre es mejor prevenir que curar, en tal sentido revisemos las recomendaciones del Dr. Dráuzio Varella, médico oncólogo y escritor brasileño, quien nos da pautas para lograrlo.
Nada de pastillas ni comidas especiales, son consejos para vivir mejor y ser felices que combinados con buenos hábitos de comida y ejercicio físico nos permitirán vivir más y mejores años.
Las recomendaciones del reconocido oncólogo brasileño son más baratas que los remedios, pero más difíciles de cumplir que cualquier tratamiento médico. Sin embargo, vale la pena convertir en hábitos estas acciones, ya que, cómo dice Fito Paéz, es una cuestión de actitud. Y las malas actitudes enferman.

1)  Hable de sus sentimientos
Emociones y sentimientos que se esconden y se reprimen terminan en enfermedades como gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerarnos, hacer confidencias, compartir nuestra intimidad, nuestros secretos, ¡nuestros errores!. El diálogo, el hablar, la palabra, son poderosos remedios ¡y una excelente terapia!

2)  Tome decisiones
La persona indecisa permanece en la duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana está hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.

3)  Busque soluciones
Las personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren lamentarse, murmurar, ser pesimistas. Es mejor encender un fósforo que lamentarse por la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.

4)  No viva de apariencias
Quien esconde la realidad finge, está en pose, quiere dar siempre la impresión de estar bien, mostrarse perfecto, bonachón, etc., acumula toneladas de peso. Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor.

5)Acéptese
El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos a nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado y aceptar las críticas es sabiduría, buen sentido y terapia.

6) Confíe
Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relación. La desconfianza es falta de fe en sí mismo, en los otros y en Dios.

7) No viva siempre triste
El buen humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”. La alegría es salud y terapia.
El médico, crítico de las cirugías estéticas y las prácticas para mantener la virilidad, tiró una frase tan dura como real. “En el mundo actual se está invirtiendo 5 veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. En algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con el pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven”, lanzó.
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